¿Está todo escrito con IA? Te muestro cómo detectarlo.

Me gustaría señalar algunos elementos recurrentes en la inteligencia artificial para aprender a detectarla. No como una cacería de brujas, sino como una forma de contar con herramientas para identificar qué tan presente está en nuestra cultura.

Nico Campo

¿No te pasa que todo el contenido de las redes sociales parece escrito por la misma persona?

Y ojalá fuera una persona,así al menos tendría con quién quejarme. Pero ya podemos imaginarnos que no se trata de una “persona”. Desde hace un tiempo, noto cómo la inteligencia artificial se está apropiando de muchos copys, guiones, mensajes, libros y artículos.

La estructura es predecible, redonda. Aparece una y otra vez, en cada contenido que se me presenta. Por eso, en esta oportunidad, me gustaría señalar algunos elementos recurrentes en la inteligencia artificial para aprender a detectarla. No como una cacería de brujas, sino como una forma de contar con herramientas para identificar qué tan presente está en nuestra cultura.

Dentro de sus patrones, el más evidente es el uso del “contrapunto” o de las frases simétricas.

“Porque escribir con IA no es un desafío, es el proceso más eficiente”.
“Poner ejemplos no es el principio: es el final de las cosas”.

Camina sobre sí mismo cada vez que puede. Una mezcla de estadística y condescendencia que se me hace cada vez más evidente en cada posteo que veo.

Además, encarna siempre una falsa cercanía.

“¿No te pasa que…?”
“Seguro alguna vez sentiste…”

Esa intimidad simulada carece completamente de experiencia. No hay riesgo, solo empatía de protocolo.

Otra estructura que se deja ver cada vez más seguido es la del enliste y la reiteración.

“Más palabras.
Más oraciones.
Más ideas.”

“Cada vez que aparece la IA pasa lo mismo: ejemplos, patrones y más ideas”.

La IA siempre pareciera evitar las generalizaciones. Se refugia en frases que esquivan el riesgo.

“En muchos casos”, “suele”, “es importante tener en cuenta”.

Nunca nada se va a un extremo, nunca una opinión. Siempre hay un “pero”. Todo demasiado tibio.

Me puse a usar cuanto ChatGPT se me cruzaba, y todos nos llevan al mismo puerto. Me estoy cansando del texto redondo, prolijo, en serie. Y sí, me canso porque soy humano. El tipeo fue reemplazado por mirar cómo las palabras llueven en una pantalla, y el pensar pareciera haberse convertido en un acto en tercera persona.

Y por si fuera poco, cada idea pareciera necesitar un final moralizante. Como si nos sirviera que una publicidad de corpiños deje una moraleja.

“Porque sentirte cómoda también es sentirte segura.”

Mi final no tiene moraleja. Quizá está cargado de más enojo del que debería. Quizá la moraleja es interna, a modo de catarsis. Diciéndome: Nicolás, bajá un cambio. Esperábamos un Skynet y nos topamos con una IA mezcla entre recepcionista de hotel y guionista de Sprayette.