¿Estamos viviendo?

¿Hasta dónde estamos dispuestos de dejar de hacer? ¿Tiene que ver vivir con hacer las cosas que no queremos hacer?¿Está acaso la IA más viva que nosotros en este momento?

Nico Campo

Supongo que el WhatsApp de alguna persona ya se debe ver así:

—Mamá, hoy estuve pensando en vos. Apareciste en mis ideas incluso mientras estaba trabajando. Esto no es una interrupción: es escaparse de la rutina hacia las personas que importan.

—Hijo, yo también estuve pensando —y sigo pensando— en vos. Me alegra mucho recibir tu mensaje. Porque mi hijo no es un maleducado: es cariñoso, es atento, es conversador. En términos de Freud, el amor de una madre no es solo cuidado: es también deseo, identificación, proyección.

¿En dónde queda el sujeto?

Hoy estaba leyendo LinkedIn y me encontraba con la misma sensación que esa ficción.

Autor consagrado de libros de ventas escribe con IA un posteo sobre lo importante que es trabajar y esforzarse.

Lector jactado de haber leído 20 libros de liderazgo y escuchado 10 audiolibros de autoayuda (dato no chequeado) le responde abajo con IA sobre lo importante que es que gente importante dé mensajes importantes.

¿Y las personas dónde están? En las redes sociales pareciera que no. Hace tiempo desaparecimos, dejando apenas un rastro algorítmico. Internet sería hoy como una gran calle vacía con televisores encendidos, repitiendo lo mismo. La sensación de estar en un capítulo de una serie clase B. Todos los personajes acartonados diciendo exactamente lo que tienen que decir. Cumpliendo su rol.

No quiero sacar fotos. No quiero salir a comprar. No quiero escribir. No quiero esperar. No quiero crear. No quiero dormir. No quiero riesgo. No quiero soñar. No quiero sufrir. No quiero querer. No quiero.

Toda esa situación me arroja preguntas que queman por la velocidad a la que pasan. ¿Hasta dónde estamos dispuestos de dejar de hacer? ¿Tiene que ver vivir con hacer las cosas que no queremos hacer?¿Está acaso la IA más viva que nosotros en este momento?